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Las chinches enemigas de nuestro descanso nocturno

Jueves, marzo 24th, 2011

Las chinches enemigas de nuestro descanso nocturno

La pintura de Leonardo da Vinci sobrecoge a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad. Sus frescos, sus óleos están llenos de vida y de una lucidez creativa. Una lucidez que contrasta con la poca que debió tener el maestro del Cinquecento italiano que tenía problemas para conciliar el sueño en el jergón relleno de paja que era su cama.

Cuentan su biógrafo que Leonardo apenas podía conciliar el sueño debido al ruido que producían las chinches en su cama. Vista su magnífica obra, la pregunta que nos podemos hacer es qué hubiera sido de la capacidad creativa del maestro si, simplemente hubiera podido dormir en paz.

Los insectos que azotaron las noches de Leonardo da Vinci son los llamados chinches de la cama, sí, como suena. Unos pequeñísimos animales que se instalan en lugares abrigados como sillones y lechos, aprovechando la humedad y sobre todo el calor y la sangre que les proporcionan los humanos.

No son más grandes que una semilla de manzana, y, como ellas, tiene un color amarronado, una forma ovalada, pero aplanada. Su alimentación se basa en la sangre humana y, como bien sabía Leonardo, tienen una vida, una actividad eminentemente nocturna. Por la noche, es cuando salen a alimentarse. Y si habitan nuestro colchón, sólo tendrán que subir al piso de arriba para comer a nuestra costa, comer de nosotros, de nuestro flujo sanguíneo.

Las chinches llegan a multiplicarse en ocasiones en tal cantidad que forman una auténtica amenaza, como saben los especialistas de las empresas de eliminación de plagas. Sin embargo, en favor de estos animales, el único aspecto positivo que tal vez se les pueda reconocer, es que no propagan enfermedades como suele ocurrir con otros insectos como los mosquitos u otros parásitos.

En el otro lado, en el lado más oscuro, están sus habilidades, entre ellas, la de vivir en espacios recónditos y precisamente oscuros durante el día, perfectamente camufladas, a la espera de que caiga la noche para salir de su escondite e iniciar el festín de su alimentación.

Una alimentación que puede no ser muy continuada, no tiene por qué serlo. De hecho, es totalmente discontinua, porque una chinche puede estar un año sin comer nada en absoluto, y vivir. Su arma, si fueran humanos, diríamos que es la paciencia. Esperarán las condiciones adecuadas para alimentarse y seguir tirando otro año más.

Las chinches son muy difíciles de eliminar, por esa razón, cuando un espacio, una casa, un local está infestado, lo más sensato es acudir a los especialistas, a los técnicos que conocen como erradicar las plagas de chinches con garantías y eficacia.

Hay que recordar que la limpieza, la absoluta higiene de una casa, de un dormitorio no es tampoco garantía para evitar que las chinches se instalen, no es el polvo o la suciedad lo que atrae a estos insectos, es la sangre de los animales que tienen a su disposición, y nosotros, somos para ellas una fuente animal de aprovisionamiento de primer orden.

Los primeros síntomas de que las chinches han entrado en nuestro entorno más íntimo, en nuestro dormitorio, nos llegan cuando vemos las picaduras en nuestro cuerpo. Pican cuanto estamos dormidos, mucha gente ni siquiera se da cuenta de la picadura porque en el momento de producirse no genera dolor alguno.

Si bien las picaduras no contribuyen a propagar enfermedades, sí lo puede hacer la acción de rascarnos, con ellas podemos abrir heridas, que, si no son tratadas de forma adecuada, pueden enquistarse o infectarse, ése sí es un riesgo cierto. Otra cosa es que las picaduras actúen contra las defensas de nuestro organismo y desarrollen reacciones alérgicas.

Las picaduras aparecen en las zonas del cuerpo que están menos resguardadas mientras se duerme, ésto es, en la zona del cuello, en los brazos, en general, en las partes descubiertas.

Si ha sido picado por las chinches y quiere comprobar que las responsables son ellas, intente localizarlas en las uniones del cosido de las fibras del colchón, en los recovecos del respaldo de la cama o en las manchas de color marrón que forma su presencia en comunidad en alfombras y somieres, por ejemplo. Recuerde también que las chinches pueden haber llegado a su casa, instaladas en muebles y enseres viejos y en desuso.

Sabiendo que están ahí, habiéndolas localizado, el siguiente paso es pedir ayuda a quienes saben como vencerlas en su terreno, a los profesionales expertos en plagas, conocedores de la vida, de la obra y de los milagros de las chinches. Si Leonardo hubiera tenido cerca a estos profesionales, su obra seguro que habría sido más sublime más divina, en cualquier caso, una obra más descansada.


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